“Todos los lectores más o menos profesionales hemos tenido que responder frecuentemente a una pregunta entre admirativa e incrédula que hacen, al entrar en nuestras bibliotecas, quienes no tienen mucho hábito del comercio con las letras: ¿y tú has leído todos esos libros? He tenido diversas respuestas preparadas al correr de los años. Me dejé de estar contestando con la afirmativa, al descubrir una vez que quien la hacía había hallado antes un volumen cuyas hojas no habían sido cortadas. Más tarde comprendí que recordar, a quien decía tal cosa, su asi manifiesto desconocimiento de la actividad intelectual, era ganarme un enemigo y con razón pues a nadie le gusta ser tildado de ignorante. Hoy respondo que para mí, la atroz pesadilla que visita mis noches más negras y pesadas es la de ser enviado a un infierno donde no hay libros nuevos, donde sólo están los ya leídos; me aterra que eso pueda suceder en la realidad, y procuro tener siempre muchos más de cuantos puedo leer. La razón tampoco parece convencer a mis desconfiados inquisidores. De modo que he decidido con toda sencillez, no responder más a pareja interrogación, o no relacionarme con quienes la hagan”
Manuel Caballero
(“El orgullo de leer”, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1988: 13 s.)
Fotografía: Biblioteca del profesor Richard Macksey, tomada de: http://diariodelapelusa.blogspot.com/2012/05/una-para-los-amantes-de-las-bibliotecas.html
jueves, 1 de noviembre de 2012
CAZA DE CITAS
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LA BURBUJA GASTRONÓMICA (1)
EL NACIONAL - Jueves 09 de Febrero de 2012 Opinión/9
Comer con ruido
ALBERTO SORIA
Hemos perdido una oreja, dice sin sobresaltarse el especialista en sonidos. "Pero al sentarnos en el restaurante moderno, nos quedamos sin las dos", añade. Una oreja está destinada ahora permanentemente al celular. La otra, la llenan la música del local y el ruido del ambiente.
¿Y cómo oímos a quienes tenemos enfrente o al lado en la mesa? Ah, eso ya no se estila.
¡Ajá! ¿Y cómo conversan ahora los enamorados?, pregunta con una sonrisa el experto en tecnología que nos acompaña. "Hablan escribiendo en sus celulares, o desde la tablets que cada quien desplegó al lado del plato", responde el del sonido.
I Comer sin poder dialogar con quienes comparten su mesa se ha convertido en tendencia de vanguardia. El ruido impera en los restaurantes. Forma parte del ambiente. Tanto que ya en Londres se ha publicado la primera guía de sitios donde se come con tranquilidad.
Cuente usted cuántos y cuáles son aquellos locales en los que puede hablar con tranquilidad.
Advertirá que son pocos, muy pocos. Para las legiones de urbanitas que utilizan los restaurantes como sitios de encuentro para conversar, escoger un local en el que se pueda hablar y ser oído, se ha convertido hoy en un dilema.
"Lo irónico del fenómeno es que nadie nos oye", afirma el especialista en sonidos. Él y los suyos vienen de la arquitectura, el teatro, la ambientación de interiores. Pero están desempleados.
Nadie los contrata para resolver el problema en locales exitosos viejos, ni para contribuir al diseño de sitios nuevos.
Hay tres vertientes para volver sordo al comensal culto, nos explican. Techos, paredes y piso que convierten el sitio en una caja de resonancia de conversaciones, declamaciones de menús, sonidos de vajilla y copas. Música ambiental o de la televisión, siempre fuera de lugar. Y el discjockey contratado para "darle ambiente" al local.
El crítico cultural español Mikel López Iturriaga agregó desde El País de Madrid leña al fuego: "¿Qué pasa cuando te quejas de lo alta que está la música en un lugar al que vas a comer? El camarero suele reaccionar o bien con sorpresa, o bien con cara de disgusto reprimido, en la que se puede leer la frase: `Ya está el pesado de turno’. En cualquiera de los dos casos, lo normal es que te digan que sí, que ahora la bajan. Y en 99,9% de las ocasiones, la música continúa estando a la misma potencia hasta que te vas".
II Hablar mientras usted y sus acompañantes esperan el discurso del lanzamiento de productos, la celebración de una empresa o la presentación de una novedad de una compañía es imposible: la gente del ruido ubica estratégicamente sus cornetas de sonido para acallar la voz humana. Seguramente puede el lector extender el fenómeno a bodas, cumpleaños y festejos varios.
En la sociedad contemporánea, la hipercomunicada, oír al otro ya no se estila.
Fotografía: Pieza del extinto restaurant El Campanero, Caracas.
Comer con ruido
ALBERTO SORIA
Hemos perdido una oreja, dice sin sobresaltarse el especialista en sonidos. "Pero al sentarnos en el restaurante moderno, nos quedamos sin las dos", añade. Una oreja está destinada ahora permanentemente al celular. La otra, la llenan la música del local y el ruido del ambiente.
¿Y cómo oímos a quienes tenemos enfrente o al lado en la mesa? Ah, eso ya no se estila.
¡Ajá! ¿Y cómo conversan ahora los enamorados?, pregunta con una sonrisa el experto en tecnología que nos acompaña. "Hablan escribiendo en sus celulares, o desde la tablets que cada quien desplegó al lado del plato", responde el del sonido.
I Comer sin poder dialogar con quienes comparten su mesa se ha convertido en tendencia de vanguardia. El ruido impera en los restaurantes. Forma parte del ambiente. Tanto que ya en Londres se ha publicado la primera guía de sitios donde se come con tranquilidad.
Cuente usted cuántos y cuáles son aquellos locales en los que puede hablar con tranquilidad.
Advertirá que son pocos, muy pocos. Para las legiones de urbanitas que utilizan los restaurantes como sitios de encuentro para conversar, escoger un local en el que se pueda hablar y ser oído, se ha convertido hoy en un dilema.
"Lo irónico del fenómeno es que nadie nos oye", afirma el especialista en sonidos. Él y los suyos vienen de la arquitectura, el teatro, la ambientación de interiores. Pero están desempleados.
Nadie los contrata para resolver el problema en locales exitosos viejos, ni para contribuir al diseño de sitios nuevos.
Hay tres vertientes para volver sordo al comensal culto, nos explican. Techos, paredes y piso que convierten el sitio en una caja de resonancia de conversaciones, declamaciones de menús, sonidos de vajilla y copas. Música ambiental o de la televisión, siempre fuera de lugar. Y el discjockey contratado para "darle ambiente" al local.
El crítico cultural español Mikel López Iturriaga agregó desde El País de Madrid leña al fuego: "¿Qué pasa cuando te quejas de lo alta que está la música en un lugar al que vas a comer? El camarero suele reaccionar o bien con sorpresa, o bien con cara de disgusto reprimido, en la que se puede leer la frase: `Ya está el pesado de turno’. En cualquiera de los dos casos, lo normal es que te digan que sí, que ahora la bajan. Y en 99,9% de las ocasiones, la música continúa estando a la misma potencia hasta que te vas".
II Hablar mientras usted y sus acompañantes esperan el discurso del lanzamiento de productos, la celebración de una empresa o la presentación de una novedad de una compañía es imposible: la gente del ruido ubica estratégicamente sus cornetas de sonido para acallar la voz humana. Seguramente puede el lector extender el fenómeno a bodas, cumpleaños y festejos varios.
En la sociedad contemporánea, la hipercomunicada, oír al otro ya no se estila.
Fotografía: Pieza del extinto restaurant El Campanero, Caracas.
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LA BURBUJA GASTRONÓMICA (2)
EL NACIONAL - Jueves 01 de Noviembre de 2012 Opinión/9
El menú, por favor
ALBERTO SORIA
Hubo un tiempo en el que uno podía ir a los restaurantes y comer según el menú. Sin sorpresas ni sobresaltos. Sin necesidad de traductor. Sin maldecir después al ver la cuenta.
Eso ha cambiado.
I En el viejo estilo, había tres tipos de sitios para comer: aquellos con los platos de siempre, que a lo largo de la semana además tenían platos del día, y unos pocos donde quien sugería aciertos y antojos era el maître-capitán, o su más audaz mesonero.
Dentro de la categoría de platos de siempre, los peores eran aquellos con el menú impreso en una litografía que cerró hace años, y cuya protección ante el paso del tiempo y los manoseos era un plástico. Menús con 80 platos tienen 4 salsas a las que 6 veces le cambian el nombre, o a Superman y Mandrake en la cocina.
Los sitios que todos los días presentan sus novedades son los más buscados. Se presume que allí alguien sale y hace mercado, o recibe en forma segura y alterna a sus proveedores con productos frescos. Jamás impresas en la cartulina del menú permanente, esas hojas sueltas son la carta de promesas del cocinero, y el ojo del patrón sobre lo que se consigue y lo que presume gustará a sus clientes.
El único problema aquí es la tendencia en boga en los últimos diez años, cuando el cocinero (perdón, Chef ) escribe novedades de "vanguardia". Los no enterados aún siguen insistiendo en espumas y destellos moleculares de una cocina que murió y fue enterrada en silencio. "La crisis está poniendo en su sitio la pomposidad de la alta cocina.
En tres años se ha roto en pedazos la burbuja gastronómica" escriben en El País de Madrid.
"Es la hora de la retirada del Chip de boniato con crema de aguacate y manto escalibado de pimentón ahumado. Y de la torre de foie micuit con frutos rojos y reducción del vino dulce de autor". En el menú, ahora manda el cliente.
En los sitios donde el menú es entregado como al desgano, con resistencia, el mesonero que recita lo que está fuera de la carta convierte la confianza, no el plato, en moneda de intercambio.
No pocas veces el cliente terminará sorprendido: el mensaje oral, sin precio a la vista, requiere haber tomado en la mañana alguna pastilla de memoriol.
II ¿Cuándo regresará el menú a ser lo que siempre fue: seducción, oferta basada en habilidades y productos, reducción de incertidumbre? No se sabe. Pero por la reacción de los comensales, parece que hacia allá vamos.
Fotografía: LB, pieza del desaparecido restaurant El Campanero, Caracas.
El menú, por favor
ALBERTO SORIA
Hubo un tiempo en el que uno podía ir a los restaurantes y comer según el menú. Sin sorpresas ni sobresaltos. Sin necesidad de traductor. Sin maldecir después al ver la cuenta.
Eso ha cambiado.
I En el viejo estilo, había tres tipos de sitios para comer: aquellos con los platos de siempre, que a lo largo de la semana además tenían platos del día, y unos pocos donde quien sugería aciertos y antojos era el maître-capitán, o su más audaz mesonero.
Dentro de la categoría de platos de siempre, los peores eran aquellos con el menú impreso en una litografía que cerró hace años, y cuya protección ante el paso del tiempo y los manoseos era un plástico. Menús con 80 platos tienen 4 salsas a las que 6 veces le cambian el nombre, o a Superman y Mandrake en la cocina.
Los sitios que todos los días presentan sus novedades son los más buscados. Se presume que allí alguien sale y hace mercado, o recibe en forma segura y alterna a sus proveedores con productos frescos. Jamás impresas en la cartulina del menú permanente, esas hojas sueltas son la carta de promesas del cocinero, y el ojo del patrón sobre lo que se consigue y lo que presume gustará a sus clientes.
El único problema aquí es la tendencia en boga en los últimos diez años, cuando el cocinero (perdón, Chef ) escribe novedades de "vanguardia". Los no enterados aún siguen insistiendo en espumas y destellos moleculares de una cocina que murió y fue enterrada en silencio. "La crisis está poniendo en su sitio la pomposidad de la alta cocina.
En tres años se ha roto en pedazos la burbuja gastronómica" escriben en El País de Madrid.
"Es la hora de la retirada del Chip de boniato con crema de aguacate y manto escalibado de pimentón ahumado. Y de la torre de foie micuit con frutos rojos y reducción del vino dulce de autor". En el menú, ahora manda el cliente.
En los sitios donde el menú es entregado como al desgano, con resistencia, el mesonero que recita lo que está fuera de la carta convierte la confianza, no el plato, en moneda de intercambio.
No pocas veces el cliente terminará sorprendido: el mensaje oral, sin precio a la vista, requiere haber tomado en la mañana alguna pastilla de memoriol.
II ¿Cuándo regresará el menú a ser lo que siempre fue: seducción, oferta basada en habilidades y productos, reducción de incertidumbre? No se sabe. Pero por la reacción de los comensales, parece que hacia allá vamos.
Fotografía: LB, pieza del desaparecido restaurant El Campanero, Caracas.
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NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Pedro Beroes escribe sobre Mariano Azuela. El Nacional, Caracas, 14/02/50.
- D.F. Maza Zavala. "Puerto Rico quiere ser libre". El Nacional, 03/07/48.
- Francisco Tamayo. "Lecciones del camino: El Pozo". El Nacional, 26/10/57.
- Héctor Mujica. "¿Crisis de poesía o poetas en crisis?". El Nacional, 09/09/54. Papel Literario.
- Arturo Uslar Pietri. "Pizarrón: La amistad con la naturaleza". El Nacional, 06/09/52.
Fotografía: María Teresa Acosta. Élite, Caracas, nr. 1214 del 08/01/49.
DESCONCIERTO
EL PAÍS, Madrid, 01 de Noviembre de 2012
LA CUARTA PÁGINA
‘Delenda est Hispania’
Desde la Transición, los nacionalismos catalán y vasco tratan de maximizar sus ventajas de cara a superar el marco vigente del Estado de las Autonomías.Así, la aparición de un espíritu federal resulta imposible
Antonio Elorza
En su libro Los rostros del federalismo, Roberto Blanco Valdés pone el acento sobre un factor que ha incidido en el fracaso del Estado de las autonomías —al cual considera una federación— y que sin duda contribuiría a bloquear cualquier intento de reforma que llevase a una racionalización de aquel: “La existencia de partidos nacionalistas que reivindican sin tregua una reacomodación del modelo autonómico español, con la vista puesta en superarlo antes o después, caminando hacia el confederalismo, primero, y hacia la independencia con posterioridad”. La aparición de un espíritu federal, de un patriotismo vinculado a la supervivencia de la Federación, resulta en tales circunstancias imposible. Desde la Transición, los nacionalismos catalán y vasco, a pesar de la moderación exhibida hasta ayer por los primeros, no aceptaron de hecho un juego de suma cero; tratan de maximizar sus ventajas ante la aludida superación del marco vigente. Y hoy por hoy, lo que en principio podría contribuir a una estabilización de los conflictos territoriales, la apertura de un proceso de reforma constitucional, puede así derivar hacia una plataforma de reivindicaciones conjuntas desde Euskadi y desde Cataluña que den lugar a una aceleración de la fractura definitiva.
El telón de fondo es conocido, aun cuando haya un lógico temor a exhibir tal antecedente: el estallido de la URSS, modelo de federación mal consolidada donde el único factor efectivo de unión consistía en el poder dictatorial ejercido desde Moscú por el Partido Comunista. Al entrar en barrena la economía en la era Gorbachov y aflojarse las riendas del poder soviético, la reacción lógica consistió en poner en marcha un “¡sálvese quien pueda!” a efectos de no compartir los costes de la bancarrota financiera. En convergencia con lo anterior, emergieron las reivindicaciones de las nacionalidades sometidas al federalismo forzoso de la URSS, con el añadido de las listas de agravios por las represiones estalinianas, particularmente intensas en las regiones bálticas, en Ucrania y en el Cáucaso. El Estado se mostró incapaz de elaborar un programa de reestructuración federal —la perestroika no contemplaba este aspecto de la crisis, y tampoco existían recursos para abordarla, ni siquiera en la vertiente represiva—. La URSS se desplomó en espera de que Putin procediera a aglutinar desde un autoritarismo neoestaliniano las piezas fragmentadas que aún quedaron dentro de la Federación Rusa.
En el caso español faltan, evidentemente, elementos de erosión presentes en la URSS. No hay nada parecido a la guerra de Afganistán, y la represión política y cultural de las nacionalidades es cosa del pasado franquista. A pesar de ello sigue siendo utilizada a fondo para configurar una memoria histórica maniquea, en la cual las tropelías franquistas se convierten en opresión causada por España o los españoles, vistos siempre como algo ajeno y perjudicial. Del franquismo emerge asimismo una imagen gratificante, de manera que cualquier reivindicación nacionalista es de suyo democrática y la oposición a la misma, signo de centralismo, de incomprensión, cuando no de persistencia de una mentalidad franquista. Es una forma de abordar con ventaja cualquier debate, como se está viendo actualmente en Cataluña, sin que tenga que entrar en juego la siempre incómoda facultad de pensar. Y por encima de todo, la situación de las naciones periféricas hoy dista de ser comparable a la del ocaso del imperio soviético, ya que disfrutan, en especial Euskadi, de un amplio autogobierno en el marco de una España democrática. Claro que también a este argumento se le puede dar la vuelta, declarando que todo fue alcanzado por la lucha de las nacionalidades. Entretanto, los cambios generacionales, con la autonomía creciente de la cultura y la normalización lingüística, especialmente en Cataluña, apuntaban a la situación presente.
La evolución de las cosas se asemeja al funcionamiento de un motor mal ajustado
La evolución de las cosas se asemeja al funcionamiento de un motor mal ajustado que, cuando opera a gran velocidad, intensifica las posibilidades de avería y, al perder marcha por efecto de la crisis económica, se detiene irremisiblemente. En los prolongados tiempos de bonanza, las exigencias nacionalistas fueron atendidas una tras otra —la ocurrencia de Maragall y Zapatero de reformar el Estatut responde a esa tendencia—, dado que existían en apariencia recursos ilimitados para montar un Estado sobre otro. Todo era aceptable, incluso absurdos tales como la penalización de quienes rotulasen sus comercios solo en castellano, anticipando una separación simbólica. Los elementos de Estado que menciona Mas, como las representaciones exteriores de la Generalitat, son un buen ejemplo. Al cambiar dramáticamente la coyuntura, acabaron las concesiones y surgió el malestar social, coincidiendo en Cataluña con el fiasco de la aprobación y recorte del nuevo Estatut. El Concierto Económico aminoraba los daños económicos para Euskadi y Navarra. A falta de ese colchón, quedaban reunidos todos los elementos para una dinámica centrífuga.
Ahora bien, resulta evidente que la crisis del Estado-nación español hunde sus raíces en la historia, y por supuesto en la mitificación convertida en relato histórico. En este punto, tenemos un denominador común: los estrangulamientos que el atraso económico de la España decimonónica provoca en todos los componentes de la vida social y política, desde la formación del mercado nacional y una escuela ruinosa al sistema político asentado sobre el caciquismo y la corrupción, por no hablar del militarismo. No era un problema metafísico, sino bien concreto: fallaban los mecanismos de nacionalización, los recursos para integrar regiones y formar ciudadanos, sobre el patrón francés. Resulta inexcusable aquí la cita del payés de la Cataluña francesa que explica al filólogo catalanista por qué allí no hay nacionalismo: el Estado francés, desde la escuela a los hospitales, satisface las necesidades de sus catalanes; en territorio español, ante un Estado ineficaz, pueden ser catalanistas. En la crisis del 98 España fue vista ya como “un país moribundo”. Los nacionalismos periféricos emprendieron su marcha y el medio siglo de modernización económica a partir de 1960 llegó tarde, gracias también al franquismo, para invertir las tendencias centrífugas.
Ahora más próximas, las trayectorias de los nacionalismos catalán y vasco han sido diferentes. En el caso vasco, se trató de una respuesta de las élites autóctonas a las transformaciones de poder resultado de la industrialización, después de una prolongada agonía del antiguo régimen. El nacionalismo tuvo desde el comienzo una elevada carga de violencia antiespañola que el pragmatismo ulterior del PNV no hizo desaparecer. Fue un nacionalismo biológico, sobre la base del antecedente foral, leído como independencia. ETA y la prolongada pasividad —y transitoria alianza— del PNV con el grupo terrorista coincidieron en fomentar la paralización de la conciencia democrática y la hegemonía de una mentalidad de separación, aún vigente. Solo el Concierto Económico, con sus espectaculares ventajas, traza la divisoria entre las dos ramas del nacionalismo sabiniano.
Distanciamiento, alienación política y crisis económica, configuran el actual conflicto
En el caso catalán, más que de una conciencia de revancha por 1714, buena coartada, estamos ante la historia de un desajuste secular, siendo una región avanzada en los planos económico y cultural, que nunca encontró correspondencia en el resto de España, salvo a la hora de defender o imponer sus intereses económicos. A diferencia del eje Piamonte-Lombardía, Cataluña no hizo España; se adaptó a los requerimientos de su atraso. Las organizaciones políticas, culturales, obreras de Cataluña, aunque de nombre fuesen nacionales españolas, acabaron restringiendo su acción a ella o experimentando una clara frustración: ejemplo, el PSUC. Distanciamiento cultural, integración de los emigrantes, alienación política, crisis económica, han configurado la crisis actual, administrada eso sí desde un decisionismo que es más reflejo de pasadas carencias que presagio de democracia, con o sin independencia.
En suma, la reconducción es difícil. El Concierto retiene a Euskadi, pero justamente la desigualdad que provoca al escorar en su favor el cálculo del cupo, bloquea lo que sería un primer paso, la racionalización del Estado autonómico en el plano fiscal. No es la coincidencia de las presiones independentistas el principal problema, sino la extrema dificultad de reformar un Estado-nación sumido en la crisis.
Ilustración: Eva Vásquez
LA CUARTA PÁGINA
‘Delenda est Hispania’
Desde la Transición, los nacionalismos catalán y vasco tratan de maximizar sus ventajas de cara a superar el marco vigente del Estado de las Autonomías.Así, la aparición de un espíritu federal resulta imposible
Antonio Elorza
En su libro Los rostros del federalismo, Roberto Blanco Valdés pone el acento sobre un factor que ha incidido en el fracaso del Estado de las autonomías —al cual considera una federación— y que sin duda contribuiría a bloquear cualquier intento de reforma que llevase a una racionalización de aquel: “La existencia de partidos nacionalistas que reivindican sin tregua una reacomodación del modelo autonómico español, con la vista puesta en superarlo antes o después, caminando hacia el confederalismo, primero, y hacia la independencia con posterioridad”. La aparición de un espíritu federal, de un patriotismo vinculado a la supervivencia de la Federación, resulta en tales circunstancias imposible. Desde la Transición, los nacionalismos catalán y vasco, a pesar de la moderación exhibida hasta ayer por los primeros, no aceptaron de hecho un juego de suma cero; tratan de maximizar sus ventajas ante la aludida superación del marco vigente. Y hoy por hoy, lo que en principio podría contribuir a una estabilización de los conflictos territoriales, la apertura de un proceso de reforma constitucional, puede así derivar hacia una plataforma de reivindicaciones conjuntas desde Euskadi y desde Cataluña que den lugar a una aceleración de la fractura definitiva.
El telón de fondo es conocido, aun cuando haya un lógico temor a exhibir tal antecedente: el estallido de la URSS, modelo de federación mal consolidada donde el único factor efectivo de unión consistía en el poder dictatorial ejercido desde Moscú por el Partido Comunista. Al entrar en barrena la economía en la era Gorbachov y aflojarse las riendas del poder soviético, la reacción lógica consistió en poner en marcha un “¡sálvese quien pueda!” a efectos de no compartir los costes de la bancarrota financiera. En convergencia con lo anterior, emergieron las reivindicaciones de las nacionalidades sometidas al federalismo forzoso de la URSS, con el añadido de las listas de agravios por las represiones estalinianas, particularmente intensas en las regiones bálticas, en Ucrania y en el Cáucaso. El Estado se mostró incapaz de elaborar un programa de reestructuración federal —la perestroika no contemplaba este aspecto de la crisis, y tampoco existían recursos para abordarla, ni siquiera en la vertiente represiva—. La URSS se desplomó en espera de que Putin procediera a aglutinar desde un autoritarismo neoestaliniano las piezas fragmentadas que aún quedaron dentro de la Federación Rusa.
En el caso español faltan, evidentemente, elementos de erosión presentes en la URSS. No hay nada parecido a la guerra de Afganistán, y la represión política y cultural de las nacionalidades es cosa del pasado franquista. A pesar de ello sigue siendo utilizada a fondo para configurar una memoria histórica maniquea, en la cual las tropelías franquistas se convierten en opresión causada por España o los españoles, vistos siempre como algo ajeno y perjudicial. Del franquismo emerge asimismo una imagen gratificante, de manera que cualquier reivindicación nacionalista es de suyo democrática y la oposición a la misma, signo de centralismo, de incomprensión, cuando no de persistencia de una mentalidad franquista. Es una forma de abordar con ventaja cualquier debate, como se está viendo actualmente en Cataluña, sin que tenga que entrar en juego la siempre incómoda facultad de pensar. Y por encima de todo, la situación de las naciones periféricas hoy dista de ser comparable a la del ocaso del imperio soviético, ya que disfrutan, en especial Euskadi, de un amplio autogobierno en el marco de una España democrática. Claro que también a este argumento se le puede dar la vuelta, declarando que todo fue alcanzado por la lucha de las nacionalidades. Entretanto, los cambios generacionales, con la autonomía creciente de la cultura y la normalización lingüística, especialmente en Cataluña, apuntaban a la situación presente.
La evolución de las cosas se asemeja al funcionamiento de un motor mal ajustado
La evolución de las cosas se asemeja al funcionamiento de un motor mal ajustado que, cuando opera a gran velocidad, intensifica las posibilidades de avería y, al perder marcha por efecto de la crisis económica, se detiene irremisiblemente. En los prolongados tiempos de bonanza, las exigencias nacionalistas fueron atendidas una tras otra —la ocurrencia de Maragall y Zapatero de reformar el Estatut responde a esa tendencia—, dado que existían en apariencia recursos ilimitados para montar un Estado sobre otro. Todo era aceptable, incluso absurdos tales como la penalización de quienes rotulasen sus comercios solo en castellano, anticipando una separación simbólica. Los elementos de Estado que menciona Mas, como las representaciones exteriores de la Generalitat, son un buen ejemplo. Al cambiar dramáticamente la coyuntura, acabaron las concesiones y surgió el malestar social, coincidiendo en Cataluña con el fiasco de la aprobación y recorte del nuevo Estatut. El Concierto Económico aminoraba los daños económicos para Euskadi y Navarra. A falta de ese colchón, quedaban reunidos todos los elementos para una dinámica centrífuga.
Ahora bien, resulta evidente que la crisis del Estado-nación español hunde sus raíces en la historia, y por supuesto en la mitificación convertida en relato histórico. En este punto, tenemos un denominador común: los estrangulamientos que el atraso económico de la España decimonónica provoca en todos los componentes de la vida social y política, desde la formación del mercado nacional y una escuela ruinosa al sistema político asentado sobre el caciquismo y la corrupción, por no hablar del militarismo. No era un problema metafísico, sino bien concreto: fallaban los mecanismos de nacionalización, los recursos para integrar regiones y formar ciudadanos, sobre el patrón francés. Resulta inexcusable aquí la cita del payés de la Cataluña francesa que explica al filólogo catalanista por qué allí no hay nacionalismo: el Estado francés, desde la escuela a los hospitales, satisface las necesidades de sus catalanes; en territorio español, ante un Estado ineficaz, pueden ser catalanistas. En la crisis del 98 España fue vista ya como “un país moribundo”. Los nacionalismos periféricos emprendieron su marcha y el medio siglo de modernización económica a partir de 1960 llegó tarde, gracias también al franquismo, para invertir las tendencias centrífugas.
Ahora más próximas, las trayectorias de los nacionalismos catalán y vasco han sido diferentes. En el caso vasco, se trató de una respuesta de las élites autóctonas a las transformaciones de poder resultado de la industrialización, después de una prolongada agonía del antiguo régimen. El nacionalismo tuvo desde el comienzo una elevada carga de violencia antiespañola que el pragmatismo ulterior del PNV no hizo desaparecer. Fue un nacionalismo biológico, sobre la base del antecedente foral, leído como independencia. ETA y la prolongada pasividad —y transitoria alianza— del PNV con el grupo terrorista coincidieron en fomentar la paralización de la conciencia democrática y la hegemonía de una mentalidad de separación, aún vigente. Solo el Concierto Económico, con sus espectaculares ventajas, traza la divisoria entre las dos ramas del nacionalismo sabiniano.
Distanciamiento, alienación política y crisis económica, configuran el actual conflicto
En el caso catalán, más que de una conciencia de revancha por 1714, buena coartada, estamos ante la historia de un desajuste secular, siendo una región avanzada en los planos económico y cultural, que nunca encontró correspondencia en el resto de España, salvo a la hora de defender o imponer sus intereses económicos. A diferencia del eje Piamonte-Lombardía, Cataluña no hizo España; se adaptó a los requerimientos de su atraso. Las organizaciones políticas, culturales, obreras de Cataluña, aunque de nombre fuesen nacionales españolas, acabaron restringiendo su acción a ella o experimentando una clara frustración: ejemplo, el PSUC. Distanciamiento cultural, integración de los emigrantes, alienación política, crisis económica, han configurado la crisis actual, administrada eso sí desde un decisionismo que es más reflejo de pasadas carencias que presagio de democracia, con o sin independencia.
En suma, la reconducción es difícil. El Concierto retiene a Euskadi, pero justamente la desigualdad que provoca al escorar en su favor el cálculo del cupo, bloquea lo que sería un primer paso, la racionalización del Estado autonómico en el plano fiscal. No es la coincidencia de las presiones independentistas el principal problema, sino la extrema dificultad de reformar un Estado-nación sumido en la crisis.
Ilustración: Eva Vásquez
LUNÁTICOS ....
EL NACIONAL - Jueves 01 de Noviembre de 2012 Opinión/9
Control comunal y desastre educativo
LUIS UGALDE
El Presidente en la campaña se disgustó por el clamor de los suyos contra la corrupción y la ineficiencia gubernamental, ahora pide ¡eficiencia o nada! (por no decir muerte).
La ineficiencia escolar es muy lamentable, con dramáticas fallas en la gestión de la formación en valores, ciudadanía y aprendizaje de competencias básicas. Ahora, sin consulta formal y abierta, el Gobierno impone como "máxima instancia educativa" de toma de decisiones una locura llamada Consejo Educativo, constituido por una docena de comités y vocerías intra y extraescolares, donde la directiva de la institución únicamente tendrá se resalta un solo voto. Si ahora se acepta esta barbaridad mata-escuela (engavetada hace unos años), reforzará la ineficiencia y la ingobernabilidad escolar. Su objetivo es claro: instaurar el poder comunal para "la construcción del nuevo modelo de sociedad socialista". Aquí el poder comunal excluye toda otra capacidad de decisión. En nuestra Constitución no se nombra el poder comunal, ni el socialismo; en la cubana sí, y esta "resolución" inconstitucional impone la reforma comunistoide derrotada por el voto popular en 2007.
Hay prisa confesada para hacerse con todo el poder, a fin de que el camino al comunismo dictatorial sea irreversible. Hoy faltan más de 10.000 directores formados de centros educativos y muchas escuelas son ineficientes e ineficaces. Con esta resolución se asegura el desastre, y en adelante los llamados "directores" tendrán que dedicar su tiempo a llenar las planillas del ministerio y a cumplir la imposible hazaña de reunir cada trimestre estos comités y consejo, dedicados a todo menos a mejorar la educación.
Más grave aún es la violación del derecho y la obligación de las instituciones educadoras no estatales de gobernarse según sus principios fundacionales, dentro del marco de la Constitución. La pluralidad y apertura a diversas ideas, afirmada en la carta magna, será letra muerta, mejor dicho, realidad asesinada. Todo el andamiaje del Consejo Educativo no sirve para gobernar y es imposible de aplicar, pero muy útil para acabar con el pluralismo, la iniciativa y la calidad escolar, e imponer el socialismo uniformado.
El problema es político. No es aceptable esta resolución anticonstitucional y debe ser encarada con toda firmeza y claridad por los políticos y la sociedad. En la próxima elección de gobernadores debe estar en el debate, pues no está en juego sólo el alumbrado de las calles regionales, sino de las mentes y corazones de millones de venezolanos. Lo ha dicho el poder y lo han repetido Aristóbulo Istúriz y otros: la democracia plural que está en la Constitución no sirve para la revolución, por lo que los gobernadores y alcaldes deben desbaratar esas instancias constitucionales y transferir sus "competencias y poderes a los consejos comunales", es decir a Miraflores.
Uno de los inspiradores de los consejos de educación quedó desocupado en 2006, le entregaron Alcasa para que ensayara allí el control obrero y el gobierno de la fábrica por consejos obreros y asambleas, es decir, de los "soviets". Cumplió su tarea y hoy esa empresa es una ruina completa: ni hay control obrero, ni hay producción. Se bajó de 200.000 toneladas al año a menos de 70.000, se perdieron varios miles de millones de bolívares y la esperanza de ser una empresa productiva.
No se puede permitir en educación esa tragedia nacional. Los políticos, padres y madres, educadores, juristas, universidades, líderes religiosos... todos tenemos que defender el pluralismo constitucional y el derecho de gobernar la escuela con eficiencia pedagógica y con participación.
Es clave el pluralismo y la autonomía de los gobernadores y alcaldes electos. La palabra consejo suena suave y razonable, pero usada para disfrazar y controlar es mortal; no olvidemos que Stalin fue sangriento dictador de las repúblicas soviéticas (repúblicas de consejos).
Nota aclaratoria de la anterior columna. Mario Torres nos comunica amablemente que las computadoras del Sistema de Información del Elector "no transmiten las cédulas de los electores que se registran", dato que fue afirmado en mi artículo anterior.
Parece que la información de Torres es la correcta y no la que me dieron a mí. Notifica también: "El Comando Venezuela y sus técnicos nos opusimos vigorosamente a la colocación de estos computadores en los centros", pero terminaron aceptando "con la condición de revisar el software que corría en ellos". Lo consideran "una alcabala innecesaria".
Ojalá que se pueda impedir en adelante. Gracias a Torres por la aclaratoria y a cientos de miles que lucharon y lucharán contra los abusos del poder en los procesos electorales.
EL UNIVERSAL, Caracas, 01 de Noviembre de 2012
Sin olvidar que es una dictadura
ROMER A. ROMERO-MARTÍNEZ
"Toda autoridad usurpada es Ineficaz y sus actos son nulos"
Artículo 350 Constitucional
"El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos".
Las dictaduras comunistas son idénticas: falsamente fundamentadas en el humanismo; hipócritas defensoras del medio ambiente; y jamás protectoras de los derechos humanos. Baste recordar 3 de sus más destacados promotores: Stalin, Mao y Castro.
Los 2 primeros representan el gansterismo-de-estado que asesinó millones de personas, en la sedicente búsqueda esquizofrénica de un nuevo orden social. Tuvieron la ventaja de contar con una infraestructura económica -anterior a ellos- que les permitió disfrutar, for a while, de la falacia del protagonismo proletario y el Estado paternal. Duró hasta que el pueblo tuvo hambre. Como resultado, se produjeron mentes preocupadas por evadir semejante ridiculez e interesadas en revelar la entelequia intelectual inventada por 2 criminales resentidos consigo mismos y con la sociedad de la competitividad... que finalmente les ganó. Quedaron para los cuentos de terror, leídos a los niños a los fines de señalarles lo que nunca deberán imitar, si quieren un mundo de civilidad y modernidad.
Por el contrario, Castro es el parásito ejemplar; el que nunca construyó prosperidad y todo lo robó. Eso sí, supo cómo mendingar los comunistas soviéticos y cómo mantener una relación cuasi incestuosa con el comunismo estadounidense: primero fueron los Kennedy, luego Carter, y finalmente Obama, con los que ha escenificado el rol de bicho malo para garantizar la primacía por más de 50 años- de EEUU en la región. Ciertamente, la suerte le ha acompañado en los últimos 14 años. ¿Why? Porque encontró al "Dictador" y lo convenció de ser el Mesías del exánime marxismo del siglo 21 a.C. Todo, a cambio de unos honorarios que el "Dictador" paga puntualmente.
Las "obras" del "Dictador" avalan el coaching: arruinó una economía en crecimiento, en tan solo 14 años; y ni siquiera pudo administrar honestamente los más de $1,285.340.000.000 que Venezuela facturó, solo en ingresos petroleros. Contaminó cuanto río, lago, embalse o quebrada se le cruzó; patrocinó el asesinato de más de 200 mil personas; sentenció -por tv- a miles de presos políticos; y ahora pretende adoctrinar nuestros niños y adolescentes con programas escolares, casi como copiados del estalinismo. El criollo es el vívido ejemplo de lo que un buen maestro hace con un buen discípulo.
Lo terrible es que los venezolanos siguen enlazando nubes y aceptando dócilmente que la vía electoral acabará con la invasión castrocomunista en el paisito. Se olvida algo substancial en doctrina política: las reglas desiguales mantienen los mismos ganadores... for ever. Así, el voto es un recurso en democracia, por lo que mal podría intentarse en la actual dictadura para cambiar los destinos, porque el "Dictador" al igual que Stalin, Mao y Castro- jamás saldrá con votos. Si a esto sumamos la presencia de los colaboracionistas anónimos y la antijuridicidad perversa, tendremos dictadura hasta que el petróleo siga valiendo más de $60/barril.
La vía constitucional está abierta, siempre que se luche por su eficacia, porque el "Dictador" ha metido de a poquito- todo lo negado en 2007, sin contra de repudio en las calles. En lo más reciente: las comunas y la resolución 058: 2 bazofias comunistas con invisibilidad constitucional. ¿Qué se espera para materializar el desconocimiento? Como avance: quizás debamos recordar ya a los comunistas piticubanos que ¡no se metan con nuestros hijos!
La única vía constitucional de contención es el 350.
Fotografías: Tomada de la selección hecha por Marie Claire Chahda para su perfil de Facebook.
Control comunal y desastre educativo
LUIS UGALDE
El Presidente en la campaña se disgustó por el clamor de los suyos contra la corrupción y la ineficiencia gubernamental, ahora pide ¡eficiencia o nada! (por no decir muerte).
La ineficiencia escolar es muy lamentable, con dramáticas fallas en la gestión de la formación en valores, ciudadanía y aprendizaje de competencias básicas. Ahora, sin consulta formal y abierta, el Gobierno impone como "máxima instancia educativa" de toma de decisiones una locura llamada Consejo Educativo, constituido por una docena de comités y vocerías intra y extraescolares, donde la directiva de la institución únicamente tendrá se resalta un solo voto. Si ahora se acepta esta barbaridad mata-escuela (engavetada hace unos años), reforzará la ineficiencia y la ingobernabilidad escolar. Su objetivo es claro: instaurar el poder comunal para "la construcción del nuevo modelo de sociedad socialista". Aquí el poder comunal excluye toda otra capacidad de decisión. En nuestra Constitución no se nombra el poder comunal, ni el socialismo; en la cubana sí, y esta "resolución" inconstitucional impone la reforma comunistoide derrotada por el voto popular en 2007.
Hay prisa confesada para hacerse con todo el poder, a fin de que el camino al comunismo dictatorial sea irreversible. Hoy faltan más de 10.000 directores formados de centros educativos y muchas escuelas son ineficientes e ineficaces. Con esta resolución se asegura el desastre, y en adelante los llamados "directores" tendrán que dedicar su tiempo a llenar las planillas del ministerio y a cumplir la imposible hazaña de reunir cada trimestre estos comités y consejo, dedicados a todo menos a mejorar la educación.
Más grave aún es la violación del derecho y la obligación de las instituciones educadoras no estatales de gobernarse según sus principios fundacionales, dentro del marco de la Constitución. La pluralidad y apertura a diversas ideas, afirmada en la carta magna, será letra muerta, mejor dicho, realidad asesinada. Todo el andamiaje del Consejo Educativo no sirve para gobernar y es imposible de aplicar, pero muy útil para acabar con el pluralismo, la iniciativa y la calidad escolar, e imponer el socialismo uniformado.
El problema es político. No es aceptable esta resolución anticonstitucional y debe ser encarada con toda firmeza y claridad por los políticos y la sociedad. En la próxima elección de gobernadores debe estar en el debate, pues no está en juego sólo el alumbrado de las calles regionales, sino de las mentes y corazones de millones de venezolanos. Lo ha dicho el poder y lo han repetido Aristóbulo Istúriz y otros: la democracia plural que está en la Constitución no sirve para la revolución, por lo que los gobernadores y alcaldes deben desbaratar esas instancias constitucionales y transferir sus "competencias y poderes a los consejos comunales", es decir a Miraflores.
Uno de los inspiradores de los consejos de educación quedó desocupado en 2006, le entregaron Alcasa para que ensayara allí el control obrero y el gobierno de la fábrica por consejos obreros y asambleas, es decir, de los "soviets". Cumplió su tarea y hoy esa empresa es una ruina completa: ni hay control obrero, ni hay producción. Se bajó de 200.000 toneladas al año a menos de 70.000, se perdieron varios miles de millones de bolívares y la esperanza de ser una empresa productiva.
No se puede permitir en educación esa tragedia nacional. Los políticos, padres y madres, educadores, juristas, universidades, líderes religiosos... todos tenemos que defender el pluralismo constitucional y el derecho de gobernar la escuela con eficiencia pedagógica y con participación.
Es clave el pluralismo y la autonomía de los gobernadores y alcaldes electos. La palabra consejo suena suave y razonable, pero usada para disfrazar y controlar es mortal; no olvidemos que Stalin fue sangriento dictador de las repúblicas soviéticas (repúblicas de consejos).
Nota aclaratoria de la anterior columna. Mario Torres nos comunica amablemente que las computadoras del Sistema de Información del Elector "no transmiten las cédulas de los electores que se registran", dato que fue afirmado en mi artículo anterior.
Parece que la información de Torres es la correcta y no la que me dieron a mí. Notifica también: "El Comando Venezuela y sus técnicos nos opusimos vigorosamente a la colocación de estos computadores en los centros", pero terminaron aceptando "con la condición de revisar el software que corría en ellos". Lo consideran "una alcabala innecesaria".
Ojalá que se pueda impedir en adelante. Gracias a Torres por la aclaratoria y a cientos de miles que lucharon y lucharán contra los abusos del poder en los procesos electorales.
EL UNIVERSAL, Caracas, 01 de Noviembre de 2012
Sin olvidar que es una dictadura
ROMER A. ROMERO-MARTÍNEZ
"Toda autoridad usurpada es Ineficaz y sus actos son nulos"
Artículo 350 Constitucional
"El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos".
Las dictaduras comunistas son idénticas: falsamente fundamentadas en el humanismo; hipócritas defensoras del medio ambiente; y jamás protectoras de los derechos humanos. Baste recordar 3 de sus más destacados promotores: Stalin, Mao y Castro.
Los 2 primeros representan el gansterismo-de-estado que asesinó millones de personas, en la sedicente búsqueda esquizofrénica de un nuevo orden social. Tuvieron la ventaja de contar con una infraestructura económica -anterior a ellos- que les permitió disfrutar, for a while, de la falacia del protagonismo proletario y el Estado paternal. Duró hasta que el pueblo tuvo hambre. Como resultado, se produjeron mentes preocupadas por evadir semejante ridiculez e interesadas en revelar la entelequia intelectual inventada por 2 criminales resentidos consigo mismos y con la sociedad de la competitividad... que finalmente les ganó. Quedaron para los cuentos de terror, leídos a los niños a los fines de señalarles lo que nunca deberán imitar, si quieren un mundo de civilidad y modernidad.Por el contrario, Castro es el parásito ejemplar; el que nunca construyó prosperidad y todo lo robó. Eso sí, supo cómo mendingar los comunistas soviéticos y cómo mantener una relación cuasi incestuosa con el comunismo estadounidense: primero fueron los Kennedy, luego Carter, y finalmente Obama, con los que ha escenificado el rol de bicho malo para garantizar la primacía por más de 50 años- de EEUU en la región. Ciertamente, la suerte le ha acompañado en los últimos 14 años. ¿Why? Porque encontró al "Dictador" y lo convenció de ser el Mesías del exánime marxismo del siglo 21 a.C. Todo, a cambio de unos honorarios que el "Dictador" paga puntualmente.
Las "obras" del "Dictador" avalan el coaching: arruinó una economía en crecimiento, en tan solo 14 años; y ni siquiera pudo administrar honestamente los más de $1,285.340.000.000 que Venezuela facturó, solo en ingresos petroleros. Contaminó cuanto río, lago, embalse o quebrada se le cruzó; patrocinó el asesinato de más de 200 mil personas; sentenció -por tv- a miles de presos políticos; y ahora pretende adoctrinar nuestros niños y adolescentes con programas escolares, casi como copiados del estalinismo. El criollo es el vívido ejemplo de lo que un buen maestro hace con un buen discípulo.
Lo terrible es que los venezolanos siguen enlazando nubes y aceptando dócilmente que la vía electoral acabará con la invasión castrocomunista en el paisito. Se olvida algo substancial en doctrina política: las reglas desiguales mantienen los mismos ganadores... for ever. Así, el voto es un recurso en democracia, por lo que mal podría intentarse en la actual dictadura para cambiar los destinos, porque el "Dictador" al igual que Stalin, Mao y Castro- jamás saldrá con votos. Si a esto sumamos la presencia de los colaboracionistas anónimos y la antijuridicidad perversa, tendremos dictadura hasta que el petróleo siga valiendo más de $60/barril.
La vía constitucional está abierta, siempre que se luche por su eficacia, porque el "Dictador" ha metido de a poquito- todo lo negado en 2007, sin contra de repudio en las calles. En lo más reciente: las comunas y la resolución 058: 2 bazofias comunistas con invisibilidad constitucional. ¿Qué se espera para materializar el desconocimiento? Como avance: quizás debamos recordar ya a los comunistas piticubanos que ¡no se metan con nuestros hijos!
La única vía constitucional de contención es el 350.
Fotografías: Tomada de la selección hecha por Marie Claire Chahda para su perfil de Facebook.
¿ONTOLÓGICAMENTE ... TARDÍOS?
EL NACIONAL - Jueves 01 de Noviembre de 2012 Opinión/8
La expropiación del tiempo
RAÚL FUENTES
Tal vez este 2012 que aún no culmina sea recordado en el futuro como el año de los disparates, las paradojas y las equivocaciones. Sin entrar a considerar los accidentes, desastres y tragedias derivados de la pésima gestión pública que por lo visto no bastaron para que esa porción del electorado que se ha engolosinado con el Estado asistencialista y caritativo se sacudiera de su vergonzosa sujeción al bozal de arepas mediante el cual el Gobierno se asegura de su incondicional respaldo, vamos a dedicar estas líneas a un modo de despilfarro continuado que, en paralelo con su manirrotismo, hace de ésta una administración ineficaz, irresponsable y moralmente reprochable.
Para ilustrar nuestro propósito nos referiremos, en primer término, al proyecto que el grupo Think Thank Brillembourg-Klumpner, bajo los auspicios del Gobierno nacional, presentase el pasado mes de agosto en Venecia, donde fue premiado con el León de Oro y que según Di Enrico Tantucci (www.cav.org.ve) "indigna a Venezuela y compromete a la bienal". Al margen de la abundante y razonada crítica que ha llovido sobre la propuesta, nos interesa destacar que la misma contempla un lapso de 10 años para su ejecución. En las antípodas, la empresa china de construcción sostenible Broad Group logró erigir en tan sólo 15 días un hotel prefabricado de 30 pisos (2 años antes construyó un edificio de 15 pisos en 6 días).
Al contrastar estas dos maneras de encarar problemas constructivos podemos concluir que para los chinos, pueblo antaño considerado de proverbial paciencia, el tiempo se ha convertido en un bien que debe ser administrado con criterio de austeridad, de modo que cada instante sea productivo, pues lo que importa en términos de satisfacción material es el aquí y el ahora.
Para nosotros, en cambio, pareciera que nos sobrara y, por ello, podemos malgastarlo. Y no se trata de una manera de ser afincada en ancestrales costumbres, como podría afirmar un sociólogo determinista, sino de un condicionamiento moldeado desde las esferas gubernamentales que han hecho moneda corriente del retardo, las prórrogas, los atrasos, las demoras y los aplazamientos.
La morosidad como fundamento de la gerencia pública podría ser tema de estudio por parte de especialistas en derecho administrativo, pero en lo que a la cotidianeidad respecta, la lentitud en las ejecutorias gubernamentales es, como ya insinuamos, una manera irresponsable de derrochar el tiempo, una forma de dispendio y malversación de un capital virtual, pero invalorable, pues una vez malgastado es imposible su recuperación. Y es que para el régimen el corto plazo, el aquí y ahora sólo existen cuando se aproxima una elección. Entonces la prisa, que ya se sabe es plebeya, y la improvisación se conjugan para poner de relieve la chapucería oficial: viviendas que se derrumban antes de ser habitadas, puentes que se vienen abajo antes de ser inaugurados, vías que se hunden antes de que nadie haya transitado por ellas y un largo etcétera de chambonadas con las que se pretende ocultar las promesas incumplidas y vender una imagen de eficacia que está a años luz de la realidad.
Al cortoplacismo electorero se yuxtapone el largo plazo característico de las utopías. Los grandes proyectos y realizaciones son para las décadas, si no, los siglos por venir. Por ello no pasan de la primera piedra. Y es que las ofertas a concretarse a largo plazo son la quimera necesaria para mantener a flote la resignación de los seguidores del líder perpetuo, cuyas esperanzas son terreno abonado con las chucherías que el Gobierno les entrega a cambio del voto, en una vulgar operación de compra y venta que deja de lado cualquier tipo de deontología. Tal comportamiento nos ha hecho involucionar como ciudadanos y amenaza con retrotraernos aún más al pasado, cuando las elecciones eran de segundo o tercer grado. Porque seamos realistas, un Estado comunal, al igual que en la extinta URSS o en la arrasada República de Kampuchea, pondría las decisiones en manos alzadas de los comuneros y acabaría, para mayor gloria de Chávez, con las elecciones tal como las conocemos y que son, todavía, un signo de que la democracia subsiste a pesar de todo.
Al régimen, el tiempo poco o nada le importa. Lo demuestra a diario el adalid de la salvación planetaria que, con su incesante encadenamiento, funge de big brother e invade de manera persistente nuestros hogares con un discurso que no podemos llamar vacío porque, como dice Rafael Cadenas, "llamar vacío su discurso ofende al vacío". El tiempo, pues, al igual que RCTV, Agroisleña, Conferry y tantas otras empresas nos ha sido expropiado.
La expropiación del tiempo
RAÚL FUENTES
Tal vez este 2012 que aún no culmina sea recordado en el futuro como el año de los disparates, las paradojas y las equivocaciones. Sin entrar a considerar los accidentes, desastres y tragedias derivados de la pésima gestión pública que por lo visto no bastaron para que esa porción del electorado que se ha engolosinado con el Estado asistencialista y caritativo se sacudiera de su vergonzosa sujeción al bozal de arepas mediante el cual el Gobierno se asegura de su incondicional respaldo, vamos a dedicar estas líneas a un modo de despilfarro continuado que, en paralelo con su manirrotismo, hace de ésta una administración ineficaz, irresponsable y moralmente reprochable.
Para ilustrar nuestro propósito nos referiremos, en primer término, al proyecto que el grupo Think Thank Brillembourg-Klumpner, bajo los auspicios del Gobierno nacional, presentase el pasado mes de agosto en Venecia, donde fue premiado con el León de Oro y que según Di Enrico Tantucci (www.cav.org.ve) "indigna a Venezuela y compromete a la bienal". Al margen de la abundante y razonada crítica que ha llovido sobre la propuesta, nos interesa destacar que la misma contempla un lapso de 10 años para su ejecución. En las antípodas, la empresa china de construcción sostenible Broad Group logró erigir en tan sólo 15 días un hotel prefabricado de 30 pisos (2 años antes construyó un edificio de 15 pisos en 6 días).
Al contrastar estas dos maneras de encarar problemas constructivos podemos concluir que para los chinos, pueblo antaño considerado de proverbial paciencia, el tiempo se ha convertido en un bien que debe ser administrado con criterio de austeridad, de modo que cada instante sea productivo, pues lo que importa en términos de satisfacción material es el aquí y el ahora.
Para nosotros, en cambio, pareciera que nos sobrara y, por ello, podemos malgastarlo. Y no se trata de una manera de ser afincada en ancestrales costumbres, como podría afirmar un sociólogo determinista, sino de un condicionamiento moldeado desde las esferas gubernamentales que han hecho moneda corriente del retardo, las prórrogas, los atrasos, las demoras y los aplazamientos.
La morosidad como fundamento de la gerencia pública podría ser tema de estudio por parte de especialistas en derecho administrativo, pero en lo que a la cotidianeidad respecta, la lentitud en las ejecutorias gubernamentales es, como ya insinuamos, una manera irresponsable de derrochar el tiempo, una forma de dispendio y malversación de un capital virtual, pero invalorable, pues una vez malgastado es imposible su recuperación. Y es que para el régimen el corto plazo, el aquí y ahora sólo existen cuando se aproxima una elección. Entonces la prisa, que ya se sabe es plebeya, y la improvisación se conjugan para poner de relieve la chapucería oficial: viviendas que se derrumban antes de ser habitadas, puentes que se vienen abajo antes de ser inaugurados, vías que se hunden antes de que nadie haya transitado por ellas y un largo etcétera de chambonadas con las que se pretende ocultar las promesas incumplidas y vender una imagen de eficacia que está a años luz de la realidad.
Al cortoplacismo electorero se yuxtapone el largo plazo característico de las utopías. Los grandes proyectos y realizaciones son para las décadas, si no, los siglos por venir. Por ello no pasan de la primera piedra. Y es que las ofertas a concretarse a largo plazo son la quimera necesaria para mantener a flote la resignación de los seguidores del líder perpetuo, cuyas esperanzas son terreno abonado con las chucherías que el Gobierno les entrega a cambio del voto, en una vulgar operación de compra y venta que deja de lado cualquier tipo de deontología. Tal comportamiento nos ha hecho involucionar como ciudadanos y amenaza con retrotraernos aún más al pasado, cuando las elecciones eran de segundo o tercer grado. Porque seamos realistas, un Estado comunal, al igual que en la extinta URSS o en la arrasada República de Kampuchea, pondría las decisiones en manos alzadas de los comuneros y acabaría, para mayor gloria de Chávez, con las elecciones tal como las conocemos y que son, todavía, un signo de que la democracia subsiste a pesar de todo.
Al régimen, el tiempo poco o nada le importa. Lo demuestra a diario el adalid de la salvación planetaria que, con su incesante encadenamiento, funge de big brother e invade de manera persistente nuestros hogares con un discurso que no podemos llamar vacío porque, como dice Rafael Cadenas, "llamar vacío su discurso ofende al vacío". El tiempo, pues, al igual que RCTV, Agroisleña, Conferry y tantas otras empresas nos ha sido expropiado.
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