
Luis Barragán
Ciertamente, el ejercicio gubernamental de Isaías Medina Angarita tuvo un signo democrático contrastante con el de sus predecesores, aunque no lo autoriza para una definitiva e indiscutible caracterización. El problema no es el de hacerlo por siempre sospechoso de una dictadura imposible, habida cuenta del nivel alcanzado de libertades públicas o la inexistencia de presos políticos, sino el de la sistemática lisonja y edulcoración para hacer - esta vez - por siempre sospechosos, a todos los gobiernos posteriores.
El fenómeno alcanza, incluso, a Eleazar López Contreras, quien hizo importantes contribuciones al país, lo que no significa elevarlo a una jerarquía inigualable como realizador de la democracia que, por entonces, tuvo otras connotaciones de desprecio. El asunto pareciera adquirir una recurrente y anacrónica importancia política, cuando tratamos de un problema eminente y resueltamente histórico.
En diciembre de 2009, fue impreso un texto que ha tardado en circular del meritorio y admirado politólogo Juan Carlos Rey, que bien ayuda a esclarecer lo que se ha convertido en una suerte de devocionario político extemporáneo: “El sistema de partidos venezolano, 1830-1999” (Centro Gumilla – UCAB, Caracas). Específicamente, reporta un par de consideraciones sobre ambos gobernantes, que las estimamos oportunas y consistentes.
Por una parte, acotando una categoría necesitada de recuperar y actualizar, la “dictablanda”, y recordando – además – el papel desempeñado por Juan Francisco Quijano, reconoce la disminución del período gubernamental de López Contreras, pero extiende un poco más el comentario sobre el retroceso que marcó la Constitución de 1936, siendo – por lo demás - tan notoria su convicción positivista (67 ss., 251). Por ello, libros como los consabidos de Alfredo Tarre Murzi o Rodolfo Moleiro, bien intencionados aunque laudatorios, consignados en décadas pasadas, merecen una mejor polémica histórica restándole el interés de fondo por procurar la reivindicación de posturas que – calibramos – están orientadas a sustentar y actualizar un determinado conservadurismo político.

Entendemos mejor la distinción entre el medinato (ejercicio del poder), y medinismo (movimiento político y social que lo apoyó o reivindicó durante, después o muy después de su salida del poder. Aquél ha recibido mejor tratamiento que éste, posiblemente representado y diluido en lo que se dio en llamar el uslarismo por los años ’60, con una trayectoria diferente al lopecismo amenazante y peligroso que sobrevivió al lopezato irrepetible, por gracias de la llamada Revolución de Octubre.
Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/4463-de-dos-remotos-reportes
Fotografías: La una, invertida la muestra original tomada de: http://mx.kalipedia.com/kalipediamedia/historia/media/200808/03/hisvenezuela/20080803klphishve_8_Ies_SCO.jpg. La otra, ascenso al grado de General en Jefe de Eleazar López Contreras, tomada de Élite, Caracas, nr. 1963 del 11/05/1963.
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